Hay equipos que necesitan éxitos para ser algo. Sus aficionados van y vienen como las olas del mar, y cuando van mal dadas les dan la espalda echándose en los brazos del campeón de liga de turno.

El Athletic Club, si en algo ha sido distinto, ha sido en eso. Por supuesto que llena de orgullo haber sido un Club campeón, pero para los que nos sentimos del Athletic, sin peros, el simple hecho de sentirnos parte del mismo es suficiente.

Este Club, que representa la unión de todos los bizkainos, por sus valores, de trabajo en equipo, de apreciar lo de casa, de priorizar el compromiso, ha hecho que sean muchos los de más allá del Gorbea,  de Ondarroa, o de Pobeña, que empatizando con la idea se hayan unido a la causa, y les acogemos como a hermanos de sangre. El de Bilbao nace donde quiere.

Esto no quita que, lógicamente, el fútbol es un deporte de competición, y la exigencia es máxima. Se busca el resultado. Pero en deporte, uno gana y otro pierde. Y la elegancia del Athletic no lo es tanto porque gane, sino…

vía Todo pasa. Queda el Athletic Club.