No cabe duda de que la temporada está siendo muy pobre, por debajo de las expectativas y el potencial del equipo. Una valoración objetiva basada en los resultados y que cuenta con un terrible background. El club, en todos sus ámbitos, no supo gestionar el éxito de la temporada pasada, cayó en la depresión derivada de no levantar los títulos y de ahí en la desorientación total en el momento en el que los que debían liderar su proyecto se bajaron del barco.

El Athletic, sin embargo, no vive únicamente de la clasificación coyuntural. Cuenta con un ecosistema tan particular que el apego no se mide en trofeos, sino la adhesión a un proyecto único. Eligió su propio camino, nadie le ha obligado, para convertirse en uno de los clubes más vanguardistas y contraculturales del mundo del fútbol. Su fortaleza, el valor añadido.

Los cambios en el fútbol, la total exposición en los medios y a las redes sociales, el cortoplacismo o las diferentes referencialidades han distorsionado esa visión cuando las cosas no van bien. Es comprensible que tras una mala campaña, con el ambiente muy enrarecido y en la que los jugadores tal y como señalaba Mikel San José «lo hemos llevado más o menos bien», se considere la posibilidad de cambiar de entrenador. Pero, una cosa es la lógica del fútbol y otra la andadura del Athletic. El club debe reforzar su idiosincrasia y particularidad de cara al futuro.

vía Marcelo Bielsa, antídoto contra la cultura de la derrota – GARA.