El tiempo se acaba. Según ha ido acercándose el final de temporada, la sensación de agobio ante la desaparición de nuestra Catedral ha ido aumentando hasta hacerse asfixiante en los últimos días. El nuevo campo crece y crece y ya parece esperar amenazante el momento de recoger el testigo del viejo. Ese que ha sido nuestro hogar los últimos 100 años. Y es que con el viejo San Mamés, se va una parte de nosotros y de nuestras vidas.

Son tantas vivencias, tantas sensaciones… Los primeros recuerdos subiendo con el aita por las escaleras de la vieja tribuna este, o el primer partido en la grada sur con toda la ilusión de ver al Txopo. Ver a la selección inglesa en el homenaje a Rojo. Partidos del Mundial 82. Las gradas llenas de banderas. Los títulos… Ganar se hizo tan cotidiano que creía que era lo normal. Pronto me daría cuenta de que no. Vendrían los años oscuros. Los apuros, las angustias. Pero la vieja Catedral siempre nos acababa sacando las castañas del fuego.

Noches coperas de bota y bocata donde se degustaba la verdadera esencia de San Mamés. Duelos europeos que nos devolvieron la ilusión y la certeza de que somos grandes por encima de éxitos o fracasos puntuales. Juventus, Manchester, Milan, Liverpool, Newcastle. Noches de lágrimas, noches de alegría y también de rabia. Algunas de ellas el mismo día, como ante el Schalke.

vía Nuestra casa, donde hemos crecido – GARA.