BAJÓ los ojos y luego quiso mirarme, pero no pudo. Durante algunos minutos probó a dominar su emoción, pero de pronto me volvió la espalda, puso los codos en la barandilla de la primera fila y se deshizo en lágrimas. Yo también lloré. No sé cómo se llama, pero llevaba cuarenta años viéndole, saludándole cada quince días con esa complicidad anónima de quienes profesan la misma fe, la creencia de que el Athletic no es un milagro sino un ejemplo, de que San Mamés, nuestra vieja Catedral, era la casa de todos, allí donde fuimos felices tantas y tantas veces…

Ayer cerró los ojos y los miles velamos, en nuestro nombre y en el de miles de nuestros antepasados, su hermoso cadáver. Vinieron entonces a la memoria de miles de aficionados todos ellos, los héroes de toda una vida; las alineaciones que coleccionamos o que recitábamos de memoria con más fluidez que el Padrenuestro; aquellos partidos en los que nos sentimos uno más, uno entre miles de los habitantes del gran pueblo rojiblanco, ganásemos o perdiésemos, porque en este campo también se han sembrado algunas de las derrotas más bellas de la historia del fútbol.

vía San Mamés que estás en los cielos. Deia. Noticias de Bizkaia...