Reparto de puntos, de intenciones y esfuerzos en una despedida rojiblanca cuyo epicentro estaba lejos de Vallecas. Confirmado el adiós de Ernesto Valverde a su etapa valencianista, las miradas se centraban en Bielsa, sabedor el entorno vizcaíno de que la liberación del ‘txingurri’ le acerca al nuevo San Mamés a velocidad supersónica. Cuesta concentrarse con noticias de tanto calado, como la avanzada por elcorreo.com, en 90 minutos que en el caso de los leones eran prescindibles en cuanto que nada podían aportar a su clasificación liguera. Estéticamente, el encuentro fue uno más, tanto en la puesta en escena como en las reacciones del técnico rosarino pese a que sabía que estaba cerrando su ciclo en Bilbao.

La visita al feudo de un Rayo que aún se jugaba algún rédito europeo ratificó unas cuantas realidades incrustadas en el mapa genético de este Athletic. Por ejemplo, que los árbitros estudian, se informan, sacan conclusiones previas y toman la matrícula a jugadores que hacen oposiciones a tener problemas con la ley sobre el césped. Es el caso de Aduriz, excesivo en un buen puñado de reacciones y ademanes. Dos amarillas a un delantero en diez minutos, aunque la segunda fuera rigurosa, confirman que el ariete suele flirtear con la delgada línea que permite a los colegiados meter baza. Dejó a su equipo en inferioridad numérica a los diez minutos, lo que oscurecía el panorama bilbaí

vía Valverde se cuela en la despedida de Bielsa. El Correo.