“¡Iribar, Iribar, Iribar es cojonudo, como Iribar no hay ninguno!”. Fue uno de los últimos cánticos que hicieron vibrar los cimientos de San Mamés en su agur definitivo. La afición del Athletic, que no olvida ni olvidará nunca el compromiso del mítico guardameta, estalló de emoción cuando el Txopo volvió a ponerse los guantes para defender la portería del centenario estadio por última vez. La canción surgió de forma espontánea, fruto del cariño, la admiración y el respetuo mutuo entre la hinchada y el exportero.

Aquel grito de guerra fue clave en la eterna unión de José Ángel Iribar y el Athletic, cuando el público le sacó a hombros por sus espectaculares paradas pese a haber perdido 2-0 la final de Copa ante el Zaragoza (1966). “‘¡Pero qué pasa, si hemos perdido, qué pasa!’, pensaba yo. Ese día reconozco que el público me ganó para siempre. Ese día supe que jamás dejaría el Athletic. Fue como un contrato de por vida por mi parte”, confiesa en declaraciones a ElPaís. Todavía hoy, a sus setenta años, sigue dedicando su vida al club rojiblanco.

Nunca olvidará su estreno como portero local en La Catedral. “Primero el calentamiento en el vestuario… Luego la salida al campo y enfrente el Real Madrid… Casi nada… con Amancio, con Puskas. Aquel día no jugó Gento, que debía de estar lesionado, y su lugar lo ocupó Manolín Bueno, que acabó siendo el protagonista porque nos pitaron un penalti por derribo de Orue que había sido fuera del área y se armó un escándalo monumental. Lo transformó Puskas. Así debuté yo en San Mamés, contra el Madrid, con un penalti injusto, un gol de Puskas, un escándalo impresionante y una derrota en el partido más importante de cada año”, recuerda.

En aquella época los porteros todavía no usaban guantes. Aunque más adelante empezó a utilizarlos. “Luego los usé cuando había mucha agua. Eran guantes corrientes, de lana, aunque los alemanes ya habían empezado a sacar guantes modernos de portero, en 1978. En los viajes internacionales, el rato que nos dejaban para dar un paseo, lo aprovechaba para ir a una tienda de deportes a ver material, sobre todo guantes. Compré unos que no me costaron mucho, se los había visto a Gordon Banks, eran verdes y muy pegados, parecían de nailon. ‘Tengo que encontrar esos guantes’, me dije cuando los vi, y los encontré”, subraya con aire triunfal. Una de las incalculables anécdotas acumuladas en sus 18 temporadas como portero rojiblanco.

vía La canción que se convirtió en un “contrato de por vida” para Iribar.