Seguro que a poco que se aplique, la Federación Española de Fútbol puede encontrar un escenario mucho más digno para disputar una final que un cercado en medio del descampado bajo una solanera que derrite los sesos. No es cosa de exigir que se juegue en un estadio de Primera División, ni que la final de la Copa juvenil vuelva a ser el preliminar de la final grande como solía. Después del minucioso trabajo de demolición de la competición más antigua que ha llevado a cabo la Federación, no se le puede exigir que además, piense en los juveniles. Pero cabe perdirle algo que simplemente no agreda al sentido común; una cosita digna, un campo de hierba natural, pintado solo con las rayas reglamentarias, con sus gradas y con su iluminación. Ni siquiera cabe exigirle que el escenario no esté a mil kilómetros de la sede de uno de los contendientes; si la final grande se llegó a jugar una vez en Elche, no nos va a pillar de nuevas que los chavales se jueguen la Copa en un pueblo de Almería.

El primer equipo, el femenino, el Bilbao Athletic, ahora los juveniles. Los partidos sin retorno, esos en los que se deciden las cosas importantes sin que haya vuelta atrás, no son para este Athletic en los últimos tiempos. En dos temporadas al club se le han escurrido entre los dedos cuatro títulos y un ascenso.

vía El Athletic juvenil cayó en la final con un marcador exagerado.