El día después al Osasuna-Athletic de la pasada Liga, uno de los diarios de referencia de Navarra ilustró su portada con una foto tremenda de Kike Sola. El ya delantero del Athletic se lamentaba de una ocasión fallada con un gesto en el que levantaba su camiseta hasta taparse la cabeza. El estirón dejó al descubierto su estructura corpórea, con casi tanto músculo como kilómetros hay de Lezama a Cascante, su lugar de origen. El futbolista navarro (25 de febrero de 1986) es un fiel ejemplo de un jugador por convencimiento, que no ha dejado de dar pasos hasta que ha cogido el tren que ha querido. Su extrema formación física da pie a imaginar todo lo que ha trabajado por hacerse un hueco en la élite.

Kike Sola, que de segundo apellido tiene Clemente aunque nada tiene que ver con el que fuera técnico del Athletic, regresa al club en el que siempre quiso estar y donde igual que Ernesto Valverde, su nuevo entrenador, vivirá una segunda etapa. El delantero de Cascante ya vistió la camiseta rojiblanca cuando iba camino de la adolescencia. El Athletic le captó del Aluvión a los 12 años de edad y aguantó cinco años en la estructura de Lezama. En 2003, después de haber hecho etapas en los dos equipos infantiles, dos cadetes y el segundo juvenil, pidió volver al Aluvión porque le faltaban oportunidades en el equipo de División de Honor. Regresó a casa, a un equipo modesto, para iniciar su primera reconversión.

vía Kike Sola, un delantero que vuelve a sus orígenes futbolísticos.