El arco de San Mamés descendió ayer a la tierra, pero se elevó a los altares rojiblancos. Desde su colocación en 1953, día a día, partido a partido, año a año, ha ido creciendo su significado. De ser un elemento de utilidad arquitectónica en la Tribuna Principal se ha transformado en todo un símbolo de un club apegado a su historia, a sus mitos y sus leyendas. La maniobra para bajarlo, que comenzó sobre las 13.00 horas, duró unos cincuenta minutos. Ahora, será dividido en doce partes para poder trasladarlo hasta Lezama, lugar en el que reposará desde ahora y servirá de inspiración a los nuevos talentos del Athletic.

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