BILBAO. LA nostalgia, esa incómoda sensación de melancolía originada por el triste recuerdo de una dicha perdida, volvió a instaurarse ayer en los aledaños del viejo y ya moribundo San Mamés. Como ya sucediera antes, durante y después de la última cita que albergó la vieja Catedral el pasado 5 de junio, cuando el corazón del legendario coliseo rojiblanco dejó de latir, un profundo sentimiento ligado a la añoranza asoló al millar de personas incapaz de perderse los últimos instantes del emblemático arco sobre el cielo de Bilbao.

Ayer, miércoles 3 de julio de 2013, era el día de la despedida, del último adiós. El fastuoso arco que había presidido con suma elegancia todos los acontecimientos celebrados en San Mamés desde 1953 era desmontado para su posterior división en doce partes, antes de su definitivo traslado a Lezama. Demasiadas emociones juntas. Demasiados recuerdos invadiendo al unísono los pensamientos y los corazones de todos los presentes. «Para nosotros es algo más que acero y hormigón. Sentimos pena y, sobre todo, nostalgia por lo que ha significado este arco durante los últimos sesenta años, pero he venido a ver la evolución de las obras prácticamente todos los días y ya estoy mentalizado», aseguraba Guillermo, socio rojiblanco que, acompañado por José, confesaba haber superado en los días previos el «trauma» de asistir en directo a tamaño acontecimiento.

vía «¡Esto es histórico!» . Deia. Noticias de Bizkaia...