Algunos rostros, algunas posturas, dejaban claro que el esfuerzo realizado era considerable. El calor apretaba y mucho, y hubo que recurrir con cierta frecuencia a los botellines de agua y a las escasas zonas de sombra. Con unos 27 grados, el sol pegaba de lo lindo y hacía más dura la jornada, de una mayor duración que el día anterior. Como viene siendo habitual, Valverde apretó las clavijas en dos sustentos que afloran en su ideario: la presión y la salida del balón. Además, se buscó la puntería en el remate con la consiguiente demanda de centros medidos.

En los primeros compases del entrenamiento, Pozanco ordenó una serie de ejercicios consistentes en carreras cortas con cambio de dirección. A renglón seguido se buscó la portería. Los futbolistas iniciaban la jugada desde el centro, abrían a las bandas para que hubiera envíos al área y remataran. Hubo momentos espectaculares, como un cabezazo precioso de Toquero que terminó colándose en la meta. «El pase tiene que ser perfecto. Como sea una piedra…», les exigía el entrenador. Aurtenetxe también se mostró ducho con un par de dianas.

vía Athletic: Intensidad se hace más patente bajo un sol de justicia.