ALABINBONBAN

Antes de que nadie nos salte al cuello con argumentos económicos y contables, recordemos nuestros plácidos días de camisetas limpias, de rayas rojiblancas inmaculadas cual inocente cervatillo. Sí, existen, algunos románticos las seguimos llevando y nos negamos a pasar por el aro. Nos da igual que se agujereen o que huelan a rancio y la sobaquera sea más amarilla que la piel de Homer Simpson.

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Como en un cuento, érase una vez una época en la que nuestra vestimenta no llevaba publicidad, y encima era algo asumido por todos, intocable, innegociable, y que hasta se ponía a la venta en la tienda oficial. La publicidad era como una especie de pecado mortal que simplemente con mencionarlo te podría poner en peligro como si te soltaran en medio de Bagdad con una careta de George Bush. Sí, amigos, había una época en la que todos teníamos unos principios por encima…

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