Aunque parezca mentira, los penaltis se transforman de manera natural, la misma con la que trabaja Ernesto Valverde. Sacudidos por esa especie de maldición que hacía de las penas máximas un castigo para quien lo tiraba, ahora se ha convertido en una bendición. A veces hasta se pitan cuando las dudas son razonables, como en el caso del último señalado este fin de semana ante el Valencia. Mucha gente piensa que la torpeza de Feghouli con Ander Herrera no era para tanto…

vía Del castigo a la bendición.