Se esperaba bastante más del Sevilla. Unai Emery realizó un planteamiento conservador con dos líneas bien armadas en defensa y ataque y dos delanteros, Gameiro y Bacca, en espera de la salida al contragolpe de su equipo. Pero los andaluces no tenían lanzadores. Rakitic, el hombre que marca las diferencias, estaba en el banquillo, al igual que Vitolo. El Sevilla se presentó en San Mamés como un equipo desconocido, nada que ver con el que jugó el jueves ante el Valencia en la semifinal de la Europa League…

vía Mundo Deportivo Trabajo muy bien hecho.