ENTRE los que estos días han silbado a Muniain habrá unos cuantos, seguramente bastantes, que otras tardes se han dedicado a cantar su nombre mientras caminaba hacia la banda para ser sustituido. Uno siempre ha asociado ese “¡Iker, Iker!” al cariño que le profesa parte de la hinchada, en lo que sería por tanto una reacción legítima, que no necesita ser justificada. Al cariño, a la simpatía o a algún tipo de…

vía Silbidos y memoria. Deia. Noticias de Bizkaia...