EL triste consuelo fue no perder. Incluso cuando a falta de veinte minutos se obró el prodigio y se transformó en la carne y hueso del gol el cántico de las gradas -¡Sube San José, sube San José!-, La Catedral se tentó las ropas mientras el Athletic, extenuado por un soberano esfuerzo, se refugiaba en las trincheras. En el aire flotaba la equis de una incógnita que sigue sin resolverse: ¿serán capaces de…

vía Cabizbajos y enjaulados. Deia. Noticias de Bizkaia...