El gesto fue tremendo. Una mueca de dolor enorme. Su particular vía crucis. Iker Muniain gritó. Se echó la mano a la rodilla izquierda nada más notar el crujido cuando contactó con el césped. Angustia. Mucha. Paco Angulo, el médico, observó la zona dañada. Nada bueno. Juan Manuel Ipiña, el masajista y casi confidente de los jugadores, dio la orden al banquillo. Pidió el cambio, cuando restaban muy poquito para…

vía La incertidumbre Muniain. Deia. Noticias de Bizkaia...