Y DESPERTÉ EN BILBAO
Ya han pasado unos días y todavía me duele el brazo de agitar la bandera de mi Athletic de aquí para allá, en la gran gabarra llegando al puerto de Barcelona, en la kalejira posterior, en el Athletic Hiria, en la comida de hermandad de peñas, en las horas previas al partido y en el partido. Pero nada que ver con el dolor profundo que te acompaña los días posteriores a la derrota en el campo de juego que cada uno a nivel individual y en silencio repara como puede.
Soy un athleticzale más de los muchos que vivimos en Barcelona y Catalunya. De los muchísimos que vivimos fuera de Bilbao y vivimos con gran entusiasmo nuestros colores. En cada visita de nuestros equipos a Barcelona, de todos, nos organizamos para darles apoyo incondicional y nos dejamos las gargantas para auparlos hacia la victoria, y que con ella o sin ella siempre ganamos porque nos sentimos fuertes como afición unida.
Cuando se señaló Barcelona como ciudad que acogería la final de Copa empezamos a trabajar muchos como si el éxito de la misma dependiera de nuestro saber hacer (reitero, desde el primer día de la asignación). Todos los athleticzales de Barcelona nos hemos volcado con pasión, con mucha pasión y sentimiento para que el día fuera grande y recordado.
Durante las semanas previas disfrutamos con nuestras charlas de fútbol, de nuestro Athletic, de nuestra historia, de nuestros jugadores, de nuestro Club. Disfrutamos siendo sinceros en la crítica y en los elogios. A medida que se acercaba la fecha del 30 de mayo los acontecimientos se sucedían a velocidad de vértigo y nuestros corazones ya no respondían a razón alguna. Atendimos a decenas de medios de comunicación con la idea de hacer llegar nuestra ilusión a todos los rincones, para explicar hasta la afonía que Barcelona también es zurigorri todo el año.
Empieza la cuenta atrás y de manera espontanea empezamos a reunirnos, en nuestras caras se refleja el cansancio de los preparativos, recibimos a amigos y familiares, abrimos nuestras casas y lo damos todo. Nada puede salir mal.
El sábado 30 de mayo me desperté antes de que sonara el despertador a gritos de Athletic, Athletic! que venían de la calle. Se me acercó la mujer más maravillosa del mundo (mi catalana del Barça) y me arrastró hacia la ventana. Sin mediar palabra como encantados con el color rojiblanco que había teñido la calle donde vivimos colgamos apresurados otra bandera. Ya había llegado el día.
Barcelona por unas horas empequeñeció ante nosotros y por las calles latían los corazones de miles de athleticzales. Todos los rincones de la ciudad cambiaron de color. Nunca había vivido con tanta intensidad todas las actividades que con voluntad de hierro llevamos a cabo.
Quiero dar millones de gracias a todos los que se acercaron a esta ciudad con sus rugidos, a los que colaboraron y participaron con toda su energía en todos los eventos que preparamos, a los que vinieron a conocernos y a los muchos que me olvido y estuvieron ahí.
Ahora solo me queda ordenar un gran álbum de recuerdos para que nunca olvide que el 30 de mayo de 2015 desperté en Bilbao.

Karlos Martínez
Presidente Peña Lehoi Beltz de Barcelona