Solo alguien tan chulo, perdón, orgulloso, tan echado para adelante y tan bilbaíno, valga la redundancia, como Tomás Ondarra (Bilbao “por supuesto”, 1963) es capaz de proponerse, y cumplir, el reto de escribir, en su caso dibujar, un libro cada dos años dedicado a una única musa…

Origen: EL PAÍS