Cuando mejor pintaban las cartas todo se vino abajo. La partida estaba en las últimas manos y el risueño semblante del Athletic, en la calurosa tarde futbolera, apuntaba a que tenía 31 de mano. El Leganés era un manojo de nervios y parecía apostarlo todo a una inmolación del Sporting en Ipurua. Era cuestión de unas piedras…

Origen: mundodeportivo.com

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