«¡Me la van a matar!», repetía contenido su aita cada vez que su hija se las tenía que ver a sus 13 o 14 años con jugadoras que, algunas, le doblaban en edad. Él quería que practicara el balonmano, «más de chicas», aunque casi sin quererlo le inoculó no solo su propia pasión por el fútbol sino también el amor por dos colores, el rojo y el blanco, por muy guipuzcoanos que fueran…

Origen: GARA

Anuncios