¿Dónde está el límite entre lo imprescindible y el desapego?, ¿hasta dónde pueden llevarnos las consecuencias de una filosofía malentendida desde la arrogancia y la suficiencia? Como todo en esta vida, el discurso que defiende aquello de que los que no quieran estar que se vayan -eso sí, cumpliendo a rajatabla sus contratos si al club se le antoja- también tiene sus peligros. Sobre todo cuando apenas queda margen para el diálogo y cualquier negociación se convierte en un plato de lentejas, que si quieres las comes y si no…

Origen: MD