BILBAO – Aquella tarde fría y lluviosa de inicio de otoño, el viejo San Mamés proyectaba un aroma de fútbol en mayúsculas. No se trataba de un partido definitivo, ni estaba nada importante en juego más allá de los dos puntos. No en vano, transcurría solo la quinta jornada de liga. Aquel 4 de octubre de 1992, sin embargo, ofrecía un matiz histórico…

Origen: Deia, Noticias de Bizkaia