BILBAO – La victoria se había convertido en una obsesión para el Athletic. Necesitaba urgentemente una alegría que alimentase su decaída autoestima, un éxito que compartir con una afición que pudo al fin esbozar una sonrisa, no sin antes sudar la gota gorda, al igual que los jugadores. Mucho calor y mucha tensión en San Mamés, 95 minutos que se hicieron eternos con el equipo aferrado con uñas y dientes al gol de Mikel Vesga, un tesoro en la actual coyuntura…

Origen: Deia, Noticias de Bizkaia