“Es bastante difícil de digerir, aunque ya vienes con la idea, mentalizado. Es inevitable”. Jabo Irureta asiste a la desaparición de su templo preferido con un sensación de tristeza por el final de un símbolo incomparable. “Da pena ver cómo una grúa va derribándolo poco a poco, desmoronando con cada golpe muchos recuerdos, porque sabes que nunca más va a estar ahí”, lamenta. Con todo, el ex jugador y ex entrenador del Athletic entiende que es un paso irreversible que conduce a la mejora del club. “El gran acierto es que el nuevo va a estar ahí, al lado, y la gente va a seguir los mismos trayectos, trasladando los sentimientos y en el mismo lugar prácticamente”, valora.

Irureta sigue la destrucción de San Mamés, pero también la construcción del nuevo. El paso de lo antiguo a lo moderno resulta un momento propicio para conocer qué momento está escrito con letras de oro en su dilatada trayectoria en el Athletic.

“Puede ser como jugador el hecho de haber jugado una final europea y además ante un equipazo como era la Juventus, fue el día en que tuve la suerte de… no voy a decir que metí el gol porque me dio en la pierna y la desvié… pero metí, fue una casualidad, pero fue un día emotivo”, rememora sobre la final de la UEFA a doble partido de la 1976-77

vía Jabo Irureta digiere el inevitable desenlace.